TEXTO NARRATIVO REALISTA
DÍA A DÍA
El despertador sonó a las 5 de la mañana,
todavía era de noche. Carla casi ni se movió. Por su cabeza solo pasaba un
pensamiento: estaba agotada y el día acababa de empezar. Como cada mañana se levantó
sin ganas, fue al baño y se lavó la cara. En el espejo vio una mujer fuerte
pero atormentada. Cogió un vestido que tenía en el armario, tenía cinco y todos
eran parecidos, simples, de colores neutros, no le gustaba llamar la atención,
además solo los usaba para ir al trabajo, allí tenía que cambiarse a un
uniforme feo aunque muy cómodo. Se preparó unas tostadas con pan que había
sobrado del día anterior, puso aceite y se las comió. Cuando terminaba oyó el
llanto de un niño, fue corriendo a la habitación de su hijo y le levantó, le
preparó un biberón mientras le tenía en brazos y acababa las tostadas. Le sentó
en la trona y el niño empezó a tomarse el biberón solo. Entonces comenzó a
hacer dos mochilas, en la mochila con un dibujo de elefante metió tres pañales,
un biberón y unos muñecos. En la otra metió un tupper con garbanzos y chorizo, una botella de agua y un libro. Las
cerró y cuando su hijo termino el biberón lo metió en la pila, vistió a su hijo
pero no paraba de llorar así que le dio el chupete. Se calzó, cogió las
mochilas y al niño, y cerró la puerta de su casa.
Salió apresurada de casa, eran las seis y
media de la mañana y hacía frío. Tenía que ir hasta el parking donde tenía el
coche y aunque no estaba muy lejos a ella no le gustaba nada. Había poca gente
en la calle, se podía ver un par de chicos a lo lejos, también estaba el
mendigo de siempre durmiendo encima de un cartón. Cada vez que lo veía a Carla
solo se le podía pasar por la cabeza que no quería acabar así y aceleraba su
paso para llegar a casa de su padre. Llego al parking, bajó las escaleras y
abrió el coche, metió al niño en la sillita, su hijo sonrió y en ese momento
ella también. No sonreía a menudo, pocas cosas le parecían agradables, pero la
sonrisa de su hijo era lo mejor que le ocurría cada día. Le ató y cerró la
puerta. Se subió ella y se preparó para conducir. Mientras conducía, eran unos
40 minutos hasta casa de su padre, pensaba en que iba a dejar a su hijo y no le
iba a volver a ver hasta la noche. Cuando llegó, aparcó el coche en el garaje de
su padre, bajó rápidamente al niño del coche, le subió a casa de su padre y le
dio un par de indicaciones. Rápidamente salió y fue hacia el metro.
En el
metro los viajeros parecían zombis que salían y entraban de los vagones, en el
trayecto iban callados y solo miraban el móvil. Alguno había que escuchaba música.
Llegó a trabajar y como de costumbre era de
las primeras. Se cambió de ropa y fue a su puesto. Odiaba su trabajo,
empaquetar paquetes era aburrido y monótono. Además hacerlo durante 8horas era aún peor. El tiempo que pasaba en el
trabajo lo pasaba pensando en cuando saldría y en que le gustaría cambiar de
trabajo. Cuando finalmente llegó la hora de salir, estaba agotada, era de noche
otra vez y tenía que volver a coger el
metro. En el metro, la gente seguía igual, como apagada, con las cabezas
agachadas mirando sus móviles. Salió y fue a casa de su padre.
Recogió a su hijo, su padre la invitó a
quedarse a cenar pero lo rechazó, dijo que tenía comida en casa y que estaba
muy cansada. Cogió el coche y se dirigió
a su casa. Su hijo iba dormido pero al bajar del coche se despertó y empezó a
llorar. Cuando llego a casa, calmó al niño y cenaron. Jugó un rato con él, ese era
el mejor momento del día, sin duda. Solo pensaba en el presente y en disfrutar jugando
con él. A las nueve lo acostó y le leyó un cuento. Cuando se durmió, deshizo
las mochilas, se puso el pijama y se preparó el tupper del día siguiente. Entonces encendió la tele y cayó rendida
en el sofá. Había sido un largo día y estaba agotada. No podía más y se durmió
en el sofá. Al cabo de unas horas se despertó, apagó la tele y se metió en la
cama.
Al día siguiente, el despertador sonó a las
5 de la mañana, todavía era de noche.

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